PARTE 2
La voz al teléfono pertenecía a Daniel Reed, un hombre en quien una vez confié mi vida y al que luego pasé siete años tratando de olvidar.

—Tres hombres —dije, sin apartar la vista de Jake a través de la estrecha ventana de la puerta del hospital—. El padre de mi esposa y sus dos hermanos. Mi hijo dice que lo sujetaron.
Daniel permaneció en silencio durante varios segundos.
“¿Está el niño a salvo ahora?”
“Él está conmigo.”
“¿Y Christine?”
“En casa de su padre.”