No tenía que hacerlo.
Porque Daniel ya lo sabía.
Todos en Nueva York sabían el nombre de Vincent Moretti.
No porque apareciera en la televisión o buscara atención.
Todo lo contrario.
Vincent era el tipo de hombre que la gente susurraba en restaurantes caros y clubes privados. Estaba rodeado de rumores, secretos y preguntas sin respuesta. Algunas personas lo llamaron peligroso. Otros lo llamaron hombre de negocios. La mayoría de la gente simplemente evitó decir su nombre demasiado fuerte.
Daniel bajó lentamente la mano.
“¿Lo llamaste?”
El miedo en su voz era diferente del miedo que Lena había tenido durante años.
Y por primera vez, se dio cuenta de algo.
Daniel también le tenía miedo a alguien.
“No entiendes lo que has hecho”, susurró Daniel.
Lena lo miró a través de los ojos llenos de lágrimas.
– No.
Su voz era débil.
Pero estaba ahí.
“Por fin entiendo lo que he hecho”.
Daniel frunció el fruncido.
“¿Qué significa eso?”
“Significa que llamé a alguien porque tenía miedo de que me hicieras daño de nuevo”.
Las palabras la sorprendieron incluso a ella.
Durante años, se había disculpado por cosas que nunca hizo. Ella había explicado cosas que no necesitaban explicar. Había pasado innumerables noches convenciéndose a sí misma de que si se convertía en una mejor esposa, una esposa más tranquila, una esposa más paciente, todo se volvería normal.
Pero de pie allí con un brazo roto y la voz de un extraño protegiéndola a través de un teléfono, se dio cuenta de algo doloroso.
Nunca había habido nada que ella pudiera haber hecho para hacer que Daniel eligiera la bondad.
El problema nunca había sido ella.
Vincent volvió a hablar.
“Lena, escucha con atención”.
Cerró los ojos.
“Te escucho.”
“¿Puedes alejarte de él?”
Miró a su alrededor.
El baño era pequeño.
La puerta estaba bloqueada.
Daniel se interpuso entre ella y el pasillo.
“No puedo.”
Una pausa.
Entonces Vincent preguntó:
“¿Puedes encerrarte en otro lugar?”
Lena miró hacia la puerta del dormitorio detrás de Daniel.
– No.
– Muy bien.
Su voz permaneció tranquila.
“Entonces haz exactamente lo que te digo.”
Daniel se echó a reír de repente.
“¿Crees que te va a hacer caso?”
Miró a Lena.
“¿De verdad piensas que algún extraño rico se preocupa por ti?”
Las palabras golpean más fuerte de lo que deberían.
Porque en el fondo, una pequeña parte de Lena se había preguntado lo mismo.
¿Por qué alguien como Vincent Moretti vendría por alguien como ella?
Ella era camarera.
Ella vivía en un pequeño apartamento.
Pasaba sus días llevando platos para personas que apenas recordaban su nombre.
Vincent vivía en otro mundo.
Pero entonces su voz volvió.
“Lena”.
– ¿Sí?
“¿Recuerdas lo que escribí en la tarjeta?”
Sus ojos se movieron hacia el recuerdo de esa noche.