El restaurante.
El café.
La tarjeta negra oculta debajo del cheque.
Si alguna vez necesitas ayuda.
– Me acuerdo.
“Entonces créeme”.
La confianza en esas tres palabras le dio algo que no había sentido en años.
Elección.
Daniel dio otro paso.
“Termina la llamada”.
Lena lo miró.
– No.
La palabra estaba en silencio.
Pero cambió la habitación.
Daniel la miró.
– ¿Qué has dicho?
– He dicho que no.
Ella tragó.
“He terminado de tener miedo de ti”.
Por un momento, ninguno de los dos se movió.
Then Daniel looked away.
Not defeated.
Not transformed.
Sólo incierto.
Y esa incertidumbre le dio a Lena suficiente tiempo.
Se empujó hacia arriba usando el borde del fregadero.
El dolor se apresuró a través de su cuerpo, pero ella lo ignoró.
Se movió hacia el pasillo.
Daniel se hizo a un lado sin darse cuenta de que lo estaba haciendo.
En el momento en que llegó a la sala de estar, escuchó voces afuera.
Múltiples voces.
Pasos.
La puerta del apartamento se abrió.
Dos hombres entraron primero.
No estaban vestidos como versiones cinematográficas de criminales. No había gestos dramáticos, ni gritos, ni caos.
Parecían profesionales.
Cálmate.
Enfocado.
Detrás de ellos caminó Vincent Moretti.
Lena sólo lo había visto una vez.
En el restaurante.
Esa noche, ella había notado su costoso traje y el silencio que le seguía.
Pero ahora se dio cuenta de otra cosa.
Parecía cansado.
No es débil.
No tiene miedo.
Solo cansada.
Como alguien que había llevado demasiadas responsabilidades durante demasiado tiempo.
Sus ojos la encontraron inmediatamente.
No los muebles rotos.
No Daniel.
Ella.
“Lena”.