—Levántate —dijo uno de los camilleros, tirándole del brazo sin contemplaciones—. El médico dice que tienes que caminar. El movimiento facilita la circulación.
La obligaban a caminar. Cada paso era una prueba que exigía todo su esfuerzo. Ahora comprendía con absoluta claridad el significado de aquella instrucción: se le exigía mover su propio cuerpo para asegurar la completa distribución interna de la sustancia que la estaba destruyendo. Estaba siendo utilizada como instrumento de su propia esterilización.
El médico ya estaba escribiendo. No levantó la vista cuando la sacaron de la habitación.
Lo que quedó
El viaje de regreso al dormitorio pareció durar horas. Cuando Elise finalmente cruzó la puerta de la habitación, las demás mujeres alzaron la vista. Una prisionera rusa mayor —una mujer que llevaba muchos meses en el Bloque 10— se acercó sin preguntar nada. No tenía por qué hacerlo. Ya había visto esto antes, muchas veces.
Ayudó a Elise a acostarse en la cama. Las sábanas blancas que, apenas unas horas antes, le habían parecido una muestra de la benevolencia del médico, ahora le parecían a Elise algo completamente distinto.
—Respira despacio —susurró la anciana, colocando una mano fresca sobre la frente ardiente de Elise—. El dolor agudo disminuirá. Pero deja huella.
—¿Qué me hizo? —sollozó Elise, sintiendo que el ardor continuaba su trabajo interior—. ¿Qué había en esa jeringa?
La mujer guardó silencio por un momento.
—Él extinguió algo —respondió finalmente, con una tristeza que reflejaba el peso de haberlo dicho muchas veces—. Te dejó vacío de una manera particular. Pero estás vivo. Y aquí, sobrevivir es la única forma de resistencia que nos queda.
Elise cerró los ojos. La oscuridad no le brindaba consuelo. Volvió a ver la sonrisa cuidadosa del médico durante el pase de lista matutino. Escuchó su voz, pausada y tranquilizadora, que le ofrecía calidez, comida y seguridad.
No sentirás nada.
Según declararía más tarde ante los investigadores, fue la mentira más precisa que jamás le habían contado, porque en los minutos siguientes lo sintió todo. Absolutamente todo.
Registro histórico
Los experimentos médicos realizados en el Bloque 10 de Auschwitz figuraron entre los crímenes juzgados en el Juicio de los Médicos de Núremberg. Médicos de las SS, como Carl Clauberg y Horst Schumann, llevaron a cabo experimentos sistemáticos de esterilización forzada en mujeres judías y romaníes, disfrazando sus actividades como investigación médica. Miles de mujeres fueron sometidas a estos procedimientos. La mayoría de los responsables recibieron penas mínimas; algunos ni siquiera fueron procesados.
El testimonio de los supervivientes constituye el principal registro histórico de lo ocurrido dentro del Bloque 10. Recordarlo con precisión no es un acto de sensacionalismo, sino una obligación.