A continuación, se presenta una reconstrucción narrativa de los hechos documentados dentro del Bloque 10 de Auschwitz-Birkenau, basada en testimonios de supervivientes y actas de juicios posteriores a la guerra. Los experimentos médicos aquí descritos se llevaron a cabo bajo la supervisión de médicos de las SS y constituyen crímenes de lesa humanidad, tal como se dictaminó en el Juicio de los Médicos de Núremberg de 1946-1947.
La selección

Era martes de noviembre. El cielo sobre Auschwitz estaba bajo y denso, de un gris metálico que parecía oprimir la tierra helada como si la propia atmósfera fuera cómplice. No había nieve, solo el omnipresente barro negro que se pegaba a los zapatos y parecía capaz de consumir almas. Elise, de veintidós años, estaba de pie en el pase de lista matutino, temblando, no solo por el frío, que a cinco grados transformaba su fino uniforme a rayas en algo apenas más consistente que papel, sino también por el rumor que circulaba entre las filas.
En el campo, la información se propagaba más rápido que la enfermedad. Se había corrido la voz de que hoy habría una selección especial, no para las cámaras de gas, sino para otra cosa. Algo a lo que las ancianas se referían en voz baja como «el servicio médico».
Elise había llegado tres semanas antes. Aún conservaba cierta vitalidad, un vestigio de la vida que había conocido. Su cabello, aunque cortado de forma irregular, había vuelto a crecer un poco. Y aún albergaba algo más frágil y peligroso que la fuerza física: una fe ingenua forjada en su vida anterior en Lyon, donde su padre había sido farmacéutico y donde los curanderos vestían batas blancas. Todavía no sabía que allí, el blanco era el color de la muerte.