En la sala de partos, el médico miró a mi bebé como si hubiera visto un fantasma.
—¿Qué es? —pregunté con voz ronca.
Me miró, con lágrimas temblando en sus pestañas.
“¿Quién es el padre?”
Se me heló la sangre.
—Julian Vance —dije.
La mano del médico se apretó alrededor de la manta.
Entonces se abrió la puerta.
Y Julian entró sonriendo.
PARTE 2
—Bueno —dijo Julian, mirando primero a la bebé y luego a mí—, mira eso. Sobrevivió.
Detrás de él venía Eleanor, con sus perlas y el taconeo de sus zapatos contra el suelo del hospital. No traía flores, ni regalos, ni siquiera una falsa muestra de preocupación. Sus ojos se fijaron en mi hijo. —¿Es él? —preguntó.