El dispositivo necesitó análisis técnico.
Lo que encontraron cambió la investigación.
Había conversaciones antiguas entre Mauricio y Rosa Elena.
No demostraban cada detalle de lo ocurrido con Andrea.
Pero mostraban algo fundamental:
Mauricio sabía que su madre representaba un peligro.
Años atrás, después del incidente de Andrea, Rosa Elena le había escrito:
“Si hubieras controlado a tu esposa, yo no habría tenido que intervenir.”
Mauricio respondió:
“Ya arreglé la historia. No vuelvas a escribir sobre esto.”
Y después:
“Di siempre que estabas en la cocina.”
Valeria leyó aquellas palabras tres veces.
—Él sabía.
Julián asintió.
—Eso parece.
Pero había algo más reciente.
Mensajes enviados la noche de la caída de Valeria.
Rosa Elena:
“¿Ya habló con algún abogado?”
Mauricio:
“No. Primero tengo que convencerla de que Lorena no significa nada.”
Rosa Elena:
“Si se divorcia ahora, te va a destruir.”
Minutos después de la caída, Mauricio había enviado otro mensaje.
“Ven al balcón. Rápido.”
Valeria sintió que el estómago se le cerraba.
—¿Él la llamó?
—Eso estamos investigando —respondió Julián.
—Pero sabía lo que había ocurrido.
Julián no respondió inmediatamente.
No necesitaba hacerlo.
Valeria recordó despertar en el suelo.
Recordó la voz de Mauricio.
No preguntando quién la había empujado.
No enfrentando a su madre.
Solo repitiendo:
“Fue un accidente.”
Había elegido la versión antes de saber si ella sobreviviría.
Rosa Elena pasó de negar todo a culpar a Valeria.
Mauricio intentó distanciarse de su madre.
Después intentó culparla por completo.
Pero las contradicciones, los mensajes, el testimonio de Andrea y lo ocurrido dentro del hospital ya no podían desaparecer con una explicación familiar.
El proceso legal sería largo.
Valeria lo entendía.
No existía una escena mágica en la que todas las consecuencias llegaran de golpe.
Pero algo sí terminó inmediatamente.
Su matrimonio.
Mauricio intentó visitarla una última vez.
No lo dejaron entrar.
Entonces llamó.