Andrea Salcedo llegó al hospital dos días después.
Valeria esperaba encontrar a una mujer furiosa.
Encontró a alguien asustado.
Andrea tendría unos treinta y cinco años. Llevaba el cabello recogido, una carpeta contra el pecho y una pequeña cicatriz junto a la ceja.
Cuando entró en la habitación, miró primero a Valeria.
Después al corsé.
Finalmente cerró los ojos.
—Dios mío —susurró—. Volvió a pasar.
Julián Cárdenas permanecía junto a la puerta.
—Andrea, cuéntele lo mismo que nos contó a nosotros.
Ella tomó asiento.
—Me casé con Mauricio hace siete años.
Valeria sintió que aquellas palabras parecían pertenecer a la vida de otra persona.
—¿Por qué me dijo que nunca había estado casado?
Andrea sonrió sin alegría.
—Porque Mauricio elimina las partes de su pasado que podrían perjudicar la imagen que quiere vender.
Abrió la carpeta.
Había fotografías.
Actas.
Denuncias.
Informes médicos.
Y una imagen de aquella misma casa.
—Rosa Elena nunca me quiso —continuó Andrea—. Al principio eran comentarios. Después comenzó a entrar en nuestra casa sin avisar. Revisaba mis cosas. Le decía a Mauricio que yo quería separarlo de ella.
Valeria sintió un escalofrío.
Era su propia historia.
—Mauricio decía que no hiciera grande algo pequeño —murmuró.
Andrea levantó lentamente la mirada.
—Exactamente esas palabras.
Valeria cerró los ojos.
—¿Qué ocurrió contigo?
Andrea tardó unos segundos.
—Una noche discutimos. Yo había descubierto que Mauricio había transferido dinero de una cuenta conjunta sin decírmelo.
—¿Rosa Elena estaba allí?
—Llegó después.
Andrea señaló una fotografía.
El balcón.
—Yo también terminé ahí.
El silencio se volvió insoportable.
—¿Te empujó?
Andrea negó.
—No puedo demostrar quién lo hizo. Sentí un golpe por detrás y caí contra una mesa del patio inferior. Sobreviví.
Miró directamente a Valeria.
—Cuando desperté, Mauricio ya había contado que yo estaba alterada y había sufrido un accidente.
Valeria sintió náuseas.
—¿Denunciaste?
—Sí.
Andrea sacó otra hoja.
—Pero Mauricio declaró que su madre ni siquiera estaba cerca del balcón.
Julián intervino.
—La investigación terminó archivándose por falta de pruebas.
Andrea asintió.
—Después Mauricio me ofreció un divorcio rápido. Yo estaba aterrorizada. Firmé y me fui a Aguascalientes.
—¿Por qué nunca hablaste?
Andrea apretó la carpeta.