Desde entonces, Camila guardó copias en una memoria y esperó el momento para enfrentarlo. No imaginó que él preferiría exponerla a un huracán antes que responder.
La lluvia ya le cortaba la piel. El agua corría entre sus pies y su teléfono apenas encendía. En la casa de enfrente, la cortina de doña Matilde se movió. Camila levantó una mano, pero una ráfaga la hizo caer de rodillas.
Entonces aparecieron 2 faros al final de la calle.
Una limusina negra avanzó despacio entre ramas y basura arrastrada por el viento. Se detuvo frente a la casa. El chofer bajó con un paraguas, abrió la puerta trasera y una mujer de cabello plateado descendió con un impermeable negro y botas altas.
Mercedes Alcántara, multimillonaria y dueña de una de las constructoras más poderosas del norte del país, miró a Camila en el suelo. Después observó la casa, las ventanas selladas y la silueta de Rogelio detrás del vidrio.
Su rostro no mostró sorpresa. Solo una furia antigua.
—Señora, el equipo está esperando instrucciones —dijo el chofer.
Mercedes abrazó a su nieta con una mano y señaló la propiedad con la otra.
—Demuelan.
Detrás de la puerta, Rogelio palideció, porque al fin comprendió que aquella mujer no había llegado solo para rescatar a Camila.
¿Tú qué habrías hecho al escuchar esa orden? Comenta, comparte la historia y busca la siguiente parte en los comentarios.
PARTE 2
El chofer cubrió a Camila con el paraguas, mientras Mercedes caminaba bajo la lluvia sin preocuparse por mojarse. La llevó a la limusina, le quitó el impermeable empapado y envolvió sus pies con una manta.
—¿Cómo supiste dónde estaba?
—Doña Matilde me llamó. Lleva años avisándome si te ve enferma, triste o en peligro.
Camila sintió un nudo en la garganta.
—Rogelio dijo que no querías saber nada de mí.
—Rogelio interceptó 39 cartas, devolvió regalos y bloqueó mis números. Yo nunca dejé de buscarte.