Hizo una pausa.
—También me llamó su madre.
Luego añadió:
—Pasé por tu edificio. El portero me dijo que saliste de madrugada con una mochila. Después fui al hotel donde te hospedaste.
Selena sintió un nudo en la garganta.
Carlos la miró fijamente.
—Y descubrí algo más. Algo que Héctor ni siquiera imagina que yo sé.
La puerta seguía cerrada.
Pero lo que Carlos estaba a punto de revelar cambiaría todo.
PARTE 3
Carlos nunca fue un hombre acostumbrado a pedir perdón.
Durante años confundió el orgullo con la fortaleza.
Pero frente a su hija comprendió cuánto tiempo habían perdido.
—Cuando Héctor me llamó, no solo quería convencerme de que no viniera. También quería que firmara una carta.
Selena lo miró sorprendida.
Carlos abrió su portafolio.
Dentro había documentos, correos y mensajes impresos.
—Era un escrito dirigido al comité académico para pedir que aplazaran tu defensa.
Selena quedó sin palabras.
—Usaron mi nombre porque esperaban que yo lo firmara.
Pero Carlos no lo hizo.
Además, encontró conversaciones entre Héctor y Beatriz donde planeaban desacreditarla antes de la presentación.
La profesora Salgado revisó los documentos.
—Esto es muy grave. No solo es un problema familiar. Intentaron perjudicar la carrera académica de Selena.
Carlos bajó la cabeza.
—Debí haber estado aquí mucho antes.
Selena respondió con sinceridad.
—Sí… debiste.
No hubo excusas.
Solo silencio.
Poco después, el jurado regresó.
—La candidata Selena Herrera ha defendido una tesis excelente.
La sala quedó en silencio.
—Por decisión unánime, se le concede el grado de Doctora con mención honorífica y su trabajo será nominado al premio anual de investigación de la facultad.
Los aplausos llenaron el salón.
Alguien dijo:
—Doctora.
Después otro.
Y otro más.
—Doctora Herrera.
En ese momento apareció Héctor en la puerta.
Solo alcanzó a ver una sala celebrando el éxito de la mujer a la que había intentado destruir.
Carlos se colocó frente a él.
—Déjala disfrutar este momento.
—Selena… podemos hablar.
Ella lo miró con serenidad.
—Hoy no.
La profesora Salgado mostró el expediente.
—Tenemos correos, mensajes y testigos.
Poco después llegó Beatriz.
—Qué vergüenza. Una esposa no humilla así a su marido.
Selena respondió con calma:
—Tal vez. Pero una mujer libre tiene derecho a defenderse cuando ha sido humillada.
El personal de seguridad intervino para mantener el orden mientras Carlos contactaba a un abogado.
Ese mismo día, Selena presentó una denuncia con todas las pruebas.
Semanas después solicitó el divorcio, y la universidad abrió una investigación por el intento de sabotear su defensa doctoral.
Héctor perdió mucho más que su matrimonio.
Perdió su credibilidad.
El cabello de Selena volvió a crecer lentamente, y cada nuevo centímetro le recordaba su fortaleza.
El día de la ceremonia de graduación, Carlos ocupó la primera fila.
Al terminar le dijo:
—Sé que no puedo cambiar el pasado, pero espero poder reparar mis errores.
Selena sonrió.
Miró el diploma entre sus manos y comprendió una verdad que nadie volvería a arrebatarle:
Nadie puede decidir el valor de la voz de una mujer.
Y quienes intentan destruir sus sueños suelen terminar haciéndola aún más fuerte.