El duelo no sigue un cronograma. No se organiza en etapas definidas ni desaparece con las estaciones. A veces te acompaña en la mesa de la cocina: silencioso, pesado, familiar. Y a veces, lo más sanador que puedes hacer es preparar algo sencillo, nutritivo y reconfortante , no solo para tu cuerpo, sino también para tu alma.
Esto no es una receta con reglas rígidas. Es una invitación: a avanzar despacio, a honrar lo que se ha perdido y a cuidarte como cuidarías a un querido amigo.