PARTE 2
—Se llama Andrew —dijo Lauren en voz baja.
La forma en que pronunció su nombre me asustó más que si lo hubiera gritado.
No había enfado en su voz.

Sin pánico.
No hubo ningún intento de ocultarlo.
Simplemente una aceptación silenciosa, como si hubiera estado cargando una verdad durante mucho tiempo y finalmente estuviera demasiado cansada para seguir guardándola sola.
La miré fijamente al otro lado de la mesa de la cocina.
La misma mesa donde habíamos comido pasteles de cumpleaños, ayudado a nuestros hijos con los deberes y planeado vacaciones que rara vez tomábamos porque siempre estábamos demasiado ocupados.
El mismo lugar donde pasé incontables noches fingiendo que todo estaba bien mientras le ocultaba partes enteras de mi vida.
—¿Quién es él? —pregunté.
Lauren bajó la mirada hacia sus manos.
Por un instante, me di cuenta de algo que había ignorado durante años.
Parecía mayor.
No es viejo.
Acaba de cambiar.