Los siguientes veinte minutos se convirtieron en una sucesión confusa de mantas, equipos, instrucciones médicas recortadas y nieve que volaba sobre el suelo de mármol.
Nathan se identificó como el tío de los niños y médico, y luego se apartó lo suficiente para dejar que el equipo de respuesta trabajara.
Fue una de las cosas más difíciles que había hecho en su vida.
Él fue al hospital con Lily, mientras que Rosa lo siguió con los gemelos en la segunda ambulancia.
Antes de marcharse, Nathan sacó la pulsera falsificada de su caja fuerte y colocó ambas piezas en bolsas de plástico separadas.
La diferencia se hizo evidente cuando estuvieron uno al lado del otro.
La pulsera entregada en 2018 parecía auténtica a simple vista, pero su cierre era de fabricación mecánica, el grabado era ligeramente más profundo y le faltaba la pequeña marca de reparación.
Alguien lo había copiado.
Alguien quería que Nathan creyera que Sarah había devuelto el original.
En el hospital, Lily y los bebés fueron llevados a salas de tratamiento separadas.
Nathan permanecía de pie en un pasillo luminoso, con la nieve derretida goteando de su abrigo, mientras una enfermera le preguntaba su nombre, fecha de nacimiento, alergias y contactos de emergencia.
Solo conocía los nombres.
Lily Carter.
Owen Kane.
Ethan Kane.
Desconocía sus fechas de nacimiento, quién era su pediatra o si alguno de los bebés había estado enfermo antes.
La vergüenza de esa ignorancia le golpeó con más fuerza de la que esperaba.
Eran los hijos de su hermana, y hasta hace una hora, él no sabía que existían.
Rosa llegó llevando el abrigo empapado de Lily dentro de una bolsa de hospital transparente.