Parte 2
Durante un instante helado, lo único que oí fue la lluvia.
Golpeaba las ventanas con dedos finos y nerviosos. Silbaba entre las palmas de las manos afuera. Golpeaba el techo de una mansión que ya no sentía como mía.

Entonces, las sirenas de la policía se oyeron con más fuerza.
Una luz roja y azul se extendía por las paredes de la habitación de invitados, sobre el dinero en efectivo, sobre el rostro pálido de Rosa, sobre la carpeta que temblaba en mis manos.
Ahora permanecía de pie entre cajas de dinero robado, con la serenidad de una mujer que se había adentrado en el peligro mucho antes de esta noche.
—Tienes que contármelo todo —dije.
“No hay tiempo.”
Los cristales se hicieron añicos en la planta baja.
La policía había roto una ventana.
Rosa agarró una de las memorias USB y me la puso en la palma de la mano. “Toma esto”.
“¿Qué es?”
“Nombres. Cuentas. Transferencias. Registros.”
¿Grabaciones?