Se casaron el 17 de julio de 1946… ¡Y hoy celebran 78 años de matrimonio! Cuando Sofía se casó con Andreas, solo tenía 18 años. No tenían casa. No tenían dinero. No tenían certeza sobre el futuro. Solo tenían dos anillos de boda y una promesa. De no soltarse jamás de la mano.
Se sentía como un fracaso.
Sentía que había decepcionado a su familia.
Hasta que una noche Sofía se sentó a su lado.
Ella le tomó el rostro entre las manos y dijo:
“Escúchame bien. No me caso contigo por el dinero que puedes traer a casa”.
Andreas la miró en silencio.
“Me caso contigo porque eres tú”.
Esa noche lloró por primera vez en muchos años.
Unos años más tarde le tocó el turno a Sophia de someterse a la prueba.
Los médicos descubrieron un grave problema en su corazón.
Necesitaba cirugía.
Las probabilidades no eran buenas.
La noche anterior, Andreas no durmió ni un minuto.
Se quedó junto a su cama.
Sosteniéndole la mano.
Como siempre lo hacía.
—¿Tienes miedo? —le preguntó Sofía.
“Si.”
“Yo también.”
“Entonces tendremos miedo juntos.”
Sofía.
Y cierra los ojos.
La operación fue un éxito.
Y Andreas fue la primera persona que vio al despertar.
—Te lo dije —le susurró.
“Qué;”
“Que envejeceremos juntos”.
Los años seguían pasando.
Su cabello se volvió blanco.
Sus pasos se hicieron más lentos.
Sus manos se arrugaron.
Cuando.
En su 78º aniversario de bodas, toda la familia se reúne para celebrarlo.
Los niños.
Los nietos.
Los bisnietos.
Cuatro generaciones bajo el mismo techo.
En un momento dado, su bisnieta más pequeña se acercó y preguntó:
“Abuelo, ¿cuál es el secreto para permanecer casados durante 78 años?”
La habitación quedó en silencio.