Todos esperaban la respuesta.
Andreas miró a Sofía.
Él sonrió.
Y él dijo:
“No hay ningún secreto.”
Los niños rieron.
“¿Entonces cómo lo lograste?”
El anciano presionó suavemente la mano de su esposa.
Y él respondió:
“Cada mañana me despertaba y la volvía a elegir”.
Sofía rompió a llorar.
Como la mayoría de la gente en la sala.
Más tarde esa noche, cuando todos se habían marchado, se sentaron solos en el viejo sofá.
Exactamente como en la foto.
Sofía apoyó la cabeza en su hombro.
—Los años han pasado volando —susurró.
Andreas sonrió.
“No es lo suficientemente rápido”.
“¿Qué quieres decir?”
“Si tuvieras una segunda oportunidad en la vida, te elegiría de nuevo”.
Sofía cierra los ojos.
Y por un instante volvió a sentirse como si tuviera dieciocho años.
Como aquella chica que estaba de pie frente a la iglesia el 17 de julio de 1946.
Tomando de la mano al hombre al que amaría durante toda su vida.
Y tal vez esto sea amor verdadero.
Sin palabras complicadas.
No los regalos caros.
Pero al mirar a la misma persona después de 78 años…
Y seguir sintiendo que tomaste la decisión correcta.
Aleta.