Se casaron el 17 de julio de 1946… ¡Y hoy celebran 78 años de matrimonio! Cuando Sofía se casó con Andreas, solo tenía 18 años. No tenían casa. No tenían dinero. No tenían certeza sobre el futuro. Solo tenían dos anillos de boda y una promesa. De no soltarse jamás de la mano.
Tras la ceremonia, los invitados comieron pan, queso y algunas aceitunas.
No hubo una comida lujosa.
No había orquesta.
No había fotógrafo.
Solo risas.
Solo amor.
Solo queda la esperanza.
Los primeros años fueron difíciles.
Muy difícil.
Andreas trabajó desde el amanecer hasta el atardecer.
Sofía cosía ropa para las mujeres del pueblo.
Había noches en las que compartían un plato de comida.
Inviernos en los que el frío se colaba por las ventanas.
No siempre había electricidad disponible.
El dinero casi nunca.
Pero todas las noches dormían tomadas de la mano.
Y eso fue suficiente para ellos.
Los años pasaron.
Tuvieron cuatro hijos.
Luego, ocho nietos.
Luego, doce bisnietos.
Su casa estaba llena de voces.
Risa.
Vacaciones.
Mesas del domingo.
Y fotos en las paredes.
Cientos de fotos.
Cada una un recuerdo.
Cada una, un pedazo de su vida.
Pero la vida no se trata solo de alegrías.
Cuando Andreas tenía 54 años, perdió su trabajo.
De repente.
Sin previo aviso.
Durante meses no pude encontrar trabajo.
Todas las noches se sentaba a la mesa y miraba las facturas.