Michael escuchó su voz.
—Pásamela.
Colgué sin responder.
Apenas unos segundos después llegó un mensaje.
No compliques las cosas.
Luego apareció otro.
Estoy frente a tu casa. Llegaré en dos minutos.
Tomé el teléfono de Daniel y los documentos ocultos.
—Ve a buscar tu mochila —le dije a Sophie.
En ese instante sonó el timbre.
Michael ya había llegado.
Entonces recordé algo que Daniel enseñaba a los niños todos los años: un escondite secreto en el sótano, protegido por un acertijo que solo ellos conocían.
Bajamos corriendo.
En la pared había tres símbolos grabados.
Una luna.
Una barca.
Una corona.
Eran exactamente los mismos símbolos del mapa del tesoro que Daniel había inventado para sus hijos.
Sophie apoyó la mano sobre ellos.
Un mecanismo oculto comenzó a moverse.
Parte del muro se abrió lentamente.
Dentro había una caja impermeable.
En su interior encontramos una fotografía, varios documentos y el pequeño dinosaurio verde de Ethan.
Su juguete favorito.
Salimos de la casa bajo la lluvia y nos internamos en el bosque.
Dentro de la caja también había una memoria USB, una tarjeta magnética y una larga carta escrita por Daniel.
Claire:
Si estás leyendo esta carta, significa que Michael ya intentó recuperar lo que escondí.
No confíes en nadie. Esta historia todavía no ha terminado.
Los niños no están donde todos creen que están.
Sentí que me faltaba el aire.
Noah.
Ethan.
Mis hijos.
Durante años pensé que conocía toda la verdad.
Pero Daniel parecía haber descubierto algo completamente distinto.
Sophie leyó la carta por encima de mi hombro.
—Mamá… ¿qué significa eso?
No supe qué responder.
La carta continuaba.
Intentaron falsificar documentos y manipular todas las pruebas. Quise contarlo todo, pero había demasiadas personas involucradas.
Si algo me sucede, busca a Rowan Vale. Él sabrá qué hacer.
Y jamás permitas que Michael se lleve a Sophie.
Volví a mirar los tres símbolos.
La luna.
La barca.
La corona.
Al final de la carta aparecía una última frase.
Le conté a Sophie una historia que todavía no había terminado.
Sophie susurró:
—La Barca de la Luna…
Era el cuento favorito de Daniel.
Siempre les hablaba de tres pequeños aventureros que cruzaban un lago oscuro para encontrar la isla escondida del rey.
—¿Dónde estaba esa isla? —pregunté.
Sophie cerró los ojos unos segundos.
—Se llamaba Crown Point.
El corazón comenzó a latirme con fuerza.
Crown Point era un antiguo complejo turístico abandonado junto al lago.
Daniel había llevado allí a los niños muchas veces para hacer fotografías.
Entonces recordé las últimas palabras que le dijo a Sophie.
—Algún día tendrás que terminar esta historia por mí.
No era un simple cuento.
Era un mensaje.
Un haz de luz atravesó los árboles.
Michael nos estaba buscando.
Necesitábamos ayuda.
Pensé inmediatamente en nuestra vecina, la señora Álvarez.
Ella nunca había confiado en Michael.
Pocos minutos después llegamos a su casa.
Cuando leyó el nombre de Daniel en uno de los documentos, su expresión cambió por completo.
—Rowan Vale… Ese nombre me resulta familiar.
Guardó silencio unos segundos.
—Hace años fui detective. Rowan investigaba un caso en el que varias personas parecían ocultar la verdad.
—¿Puedes ayudarnos a encontrarlo?
Negó con la cabeza.
—No vuelvan a usar ese teléfono. Si siguen encendiéndolo, cualquiera podría rastrear su ubicación.
Diez minutos después viajábamos hacia Crown Point.
Sophie dormía en el asiento trasero abrazando con fuerza el dinosaurio verde de Ethan.
La lluvia golpeaba el parabrisas.
Miré la carretera.