Yasmin miró a Mark.
—¿Auditoría de qué?
Ana deslizó varias fotografías sobre la mesa.
Eran copias de transferencias bancarias, contratos falsificados y cheques firmados con el nombre de mi abuela durante los últimos meses de su vida.
—De esto.
Mi padre retrocedió.
Yo nunca había visto esos documentos.
—¿Qué hicieron?
Ana me miró con seriedad.
—Tu abuela sospechaba que estaban robándole antes de morir.
Mark señaló a Yasmin.
—Ella manejaba las cuentas.
—¡Mentiroso! —gritó Yasmin—. Tú falsificaste las firmas.
Gillian comenzó a llorar.
—Yo no sabía nada.
Ana levantó el teléfono que Gillian había dejado caer.
—Pero grabaste una confesión completa.
En el video, pocos minutos antes de romperme el brazo, mi padre había dicho que llevaba meses desviando dinero y que la herencia sería la única forma de cubrirlo.
Los agentes esposaron primero a Mark.
Luego a Yasmin.
Cuando se llevaron a Gillian para interrogarla, dejó de sonreír.
El paramédico inmovilizó mi brazo y me ayudó a ponerme de pie.
Pensé que todo había terminado.
Pero Ana se acercó y habló en voz baja.
—Alana, hay algo más.
Sacó un sobre sellado del interior de su maletín.

En el frente estaba escrita una sola frase con la letra de mi abuela:
“Entrégaselo únicamente cuando Mark Darcy sea arrestado”.
Abrí el sobre con la mano izquierda.
Dentro había una fotografía de mi madre, tomada pocos días antes de su muerte.
Detrás aparecía mi padre discutiendo con un hombre que yo no conocía.
Y en el reverso, mi abuela había escrito:
“Tu madre no murió en un accidente”.
Levanté la mirada hacia Ana.
—¿Qué significa esto?
Ella cerró la puerta antes de responder.
—Significa que la investigación sobre tu herencia solo era el principio.