No tocó los documentos.
—¿Qué es esto?
—RGD Holdings.
Su rostro respondió antes que su boca.
—Claire…
—Un millón ochocientos mil dólares.
—Puedo explicarlo.
—Perfecto.
Abrí la carpeta.
—Empieza por las firmas.
Ryan se sentó.
—Mi padre necesitaba dinero.
—Entonces debió pedírmelo.
—Tú siempre dices que no a todo lo relacionado con él.
—Porque no estoy obligada a financiarlo.
Ryan apretó la mandíbula.
—Estamos casados. El dinero no puede dividirse como si fuéramos extraños.
—Qué interesante.
Saqué otra hoja.
—Porque parece que sí supiste dividirlo cuando lo escondiste en una sociedad donde yo no aparecía.
Guardó silencio.
Entonces pregunté:
—¿Tu madre sabía?
No respondió.
—¿Brooke?
Nada.
—¿Grant?
Ryan cerró los ojos.
Eso fue suficiente.
Me puse de pie.
—Se terminó.
Él levantó la cabeza.
—No puedes decidir eso estando enfadada.
—No estoy enfadada.
Y esa era la parte que más miedo parecía darle.
—Estoy informada.
Tres semanas después, la auditoría descubrió que RGD Holdings llevaba funcionando casi dos años.
La familia había pagado gastos personales con dinero que procedía directa o indirectamente de mis cuentas.
También aparecieron documentos cuya autenticidad tendría que ser revisada.
Entregué todo a mis abogados.
No discutí con los Bennett.
No amenacé a nadie.