Marcos Almeida no recordaba el momento exacto en que su mundo se partió en dos. Recordaba la lluvia golpeando contra las ventanas. Recordaba el teléfono vibrando sobre la mesa de la cocina. Recordaba una voz desconocida que decía: «Rodovia dos Imigrantes».

Ana Clara, su esposa, había salido esa tarde para ocuparse de algunos asuntos familiares y comprar algunas cositas para Miguel. Le faltaban dos meses para dar a luz. En casa, la cuna seguía sin armar contra la pared.
La habitación de Miguel olía a madera nueva, jabón de bebé y pintura seca. Ana Clara había doblado el primer juego de sábanas con una paciencia que conmovió a Marcos. Cada calcetín parecía una pequeña y ridícula promesa.
Cuando le dijeron que el coche había perdido el control en la pista mojada, Marcos sintió que la voz al otro lado del teléfono se desvanecía. Hablaban de impacto, de una barrera, de muerte inmediata. Términos técnicos. Palabras frías.
Nada bueno sucede cuando alguien te dice que tu esposa embarazada no volverá a casa.