PARTE 2
Lo primero que hice al salir del hospital fue aparcar en el rincón más alejado del aparcamiento y apagar el motor.
Durante varios minutos, permanecí sentado en silencio.

Mis manos descansaban sobre el volante. Mi anillo de bodas reflejaba la luz gris de la tarde, luciendo exactamente igual que aquella mañana cuando Ethan me besó para despedirse.
Nada había cambiado.
Todo lo que representaba lo tenía.
Reproduje la grabación una vez más.
Sólo una vez.
La voz de Ethan llenó el coche, cálida y divertida.
“Ella todavía cree que es mi esposa.”
Lauren rió suavemente.
Detuve la grabación antes de escuchar el resto.
No tenía sentido castigarme escuchando de nuevo. Ya sabía lo suficiente. La cuestión ya no era si mi marido me había traicionado.
La pregunta era hasta dónde había llegado la traición.