Parte 2
Luego miró a Elena.
“Permanecer abajo.”
Ella no preguntó por qué.

Había algo en la voz de Matthew Carranza que hacía que la obediencia pareciera menos una rendición y más una cuestión de supervivencia. Elena se deslizó más abajo en el asiento, aferrándose a su abrigo contra el pecho mientras el coche negro se desviaba bruscamente de la carretera principal y se metía en un estrecho camino de servicio medio oculto tras una hilera de cipreses.
La lluvia azotaba el tejado.
El barro salpicaba contra las ventanas.
Detrás de ellos, les seguía el todoterreno.
Las manos del conductor estaban firmes sobre el volante, pero Elena podía ver la tensión en sus hombros. La carretera se estrechaba hasta que las ramas rozaban ambos lados del coche. Los faros que venían detrás parpadeaban descontroladamente, cada vez más cerca, demasiado cerca.
—Nos van a atrapar —susurró Elena.
Matthew no miró hacia atrás.
“No, van a cometer un error.”
El conductor tomó otra curva cerrada.
El coche se coló por un hueco entre dos viejos muros de piedra y entró en lo que parecía ser una propiedad privada. Una verja oxidada permaneció abierta el tiempo justo para que pudieran pasar. Entonces, desde algún lugar en la oscuridad, un segundo vehículo se movió detrás de ellos y bloqueó la entrada.
Elena levantó la cabeza lo justo para ver.