No era ni el dulce aroma de las flores, ni el reconfortante olor a tierra húmeda.
Era más fuerte, más pesado y lo suficientemente extraño como para paralizarme.
Me quedo allí un momento, insistiendo en identificarlo, escudriñando el jardín en busca del más mínimo detalle fuera de lugar.
Fue entonces cuando lo vi.
Cerca del borde de uno de mis macizos de flores había algo que nunca antes había notado. Era pequeño pero visible, de forma extraña y completamente fuera de lugar en el resto del jardín.
Su color no coincidía con el de la tierra ni con el de las plantas circundantes, y parecía no tener cabida allí.
Mi primera reacción fue de cautela.