Patricia, que ya era madre de un hijo, presentaba que su segundo embarazo sería diferente. En su familia, los bebés grandes eran comunes, pero nada había preparado a los médicos para lo que les esperaba. El día del parto, el equipo de maternidad se quedó sin palabras: Kevin ya era más alto que el recién nacido promedio y pesaba 7 kilos, un peso récord para un bebé.
Las cunas estándar le quedaban pequeñas, e incluso los pijamas más grandes parecían diseñados para una muñeca. Pronto, los visitantes acudieron en masa para ver a este bebé extraordinario que irradiaba un encanto inmediato. A pesar de su singularidad, los padres se alegraron enormemente al encontrar a su hijo perfectamente sano. Esta noticia sensacional se expande rápidamente por todo el país: periódicos, programas de televisión, sketches cómicos… Kevin se convirtió en una celebridad sin pretenderlo desde sus primeros días.

Aprender a vivir bajo la mirada de los demás.
Crecer bajo los focos no siempre fue fácil. De niño y luego de adolescente, Kevin tuvo que lidiar con un sinfín de preguntas: “¿Juegas al baloncesto?”, “¿Cuánto mides en realidad?”, “¿Dónde compras tu ropa?”. En lugar de dejarse afectar por ello, optó por afrontar su diferencia con humor. Poco a poco, su imponente estatura se convirtió en parte integral de su personalidad, casi un rasgo que manejaba con naturalidad.