3. Pasteles: delicados, pero a veces desvanecen
Los tonos pasteles evocan mañanas de primavera, tejidos livianos y luz suave. Sin embargo, en algunas pieles pueden fundirse con el tono natural del rostro, generando un efecto lavado o de cansancio. No es necesario descartarlos por completo: se los puede aprovechar en accesorios o elegir versiones más saturadas, como el rosa frambuesa, el coral suave o un celeste vivo, que aportan frescura sin diluir los rasgos.
4. Verde caqui: moderno, pero no universal
El caqui es uno de los favoritos de las últimas temporadas por su carácter urbano y estructurado. El problema es que, al carecer de luminosidad, puede opacar el rostro y acentuar signos de cansancio. Muchas pieles se benefician más con verdes vibrantes como el salvia, el oliva fresco o el esmeralda, que aportan profundidad y vitalidad de manera inmediata.
5. Neones: llenos de energía, pero abrumadores
Los colores neón son divertidos y llamativos, imposibles de pasar por alto. Pero su intensidad puede resultar excesiva cerca del rostro, desviando la atención hacia líneas de expresión o sombras. Si te gusta su espíritu audaz, lo mejor es incorporarlos como acentos: en zapatos, carteras o pañuelos. Así disfrutás de su fuerza sin permitir que roben protagonismo a tu brillo natural.