Parte 1: Expulsada a los diecinueve años
Hannah, de diecinueve años, entró en la modesta casa de sus padres en Albany con una prueba de embarazo positiva escondida en el bolsillo de su chaqueta. Su madre, Diane, doblaba la ropa recién lavada en la sala de estar, mientras su padre, Frank, veía las noticias de la noche después de otro largo turno en el almacén. Hannah había ensayado la conversación cientos de veces en el autobús de regreso a casa, pero cuando finalmente se encontró frente a ellos, no pudo pronunciar las palabras.

En lugar de eso, colocó discretamente la prueba de embarazo sobre la mesa de centro.
La habitación quedó en silencio al instante. Diane se quedó inmóvil, mientras Frank cogía el mando a distancia del televisor y apagaba las noticias antes de clavarle una mirada fría a su hija.
—¿Quién es el padre? —preguntó con insistencia.
A Hannah se le hizo un nudo en la garganta.
“No puedo decírtelo.”
Diane parecía horrorizada.
“¿Qué quieres decir con que no puedes? ¿Está casado? ¿Es mucho mayor que tú? ¿Te obligó?”
Hannah negó rápidamente con la cabeza.
“No… no es nada de eso. Pero no puedo perder a este bebé. Si lo pierdo… todos nos arrepentiremos algún día.”
Frank se puso de pie con tanta brusquedad que su sillón reclinable se estrelló contra la pared. Señaló hacia la puerta principal, negándose a escuchar otra explicación.
“No me amenaces, jovencita.”
“Papá, por favor… algún día lo entenderás.”