Esa tarde, nos sentamos en los escalones de la entrada mientras el sol se ocultaba tras los árboles. Durante años, había creído que la victoria significaba sobrevivir a la lucha. Lisa apoyó suavemente la cabeza en mi hombro. Ahora sabía que era diferente, porque la verdadera victoria era oír a mi hija reír sin miedo.
EL FIN.