Te despiertas, te sientas en el borde de la cama y, antes incluso de que puedas dar un paso, vuelve la sensación: ese ligero pero preocupante mareo, como si el suelo fuera de goma o tu cabeza no estuviera pegada al cuerpo.
No es vértigo lo que te hace dar vueltas la cabeza.
Es algo más sutil, más insidioso: una pesadez en la cabeza, pasos vacilantes, una sensación de flotar.
La gente suele decir: “Es normal, es la edad”.
Pero como geriatra, yo, el Dr. Luis Luna, he visto a tantos pacientes mejorar que ya no puedo aceptar esta afirmación como algo inevitable.
El mareo y la sensación de pesadez en la cabeza no son una consecuencia inevitable del envejecimiento.
En la mayoría de los casos, están relacionados con hábitos cotidianos que parecen inofensivos, pero que alteran el equilibrio, la circulación sanguínea y la forma en que el cerebro interpreta los movimientos.