—¿Te encuentras bien, Don Baste? —preguntó ella en voz baja.
¿Quieres un poco de agua?
Don Baste se quedó congelado.
Esperaba sentir repulsión, pero en cambio, vio compasión.
Cuidado.
—Agua —susurró.
Durante toda la ceremonia, Clara permaneció a su lado.
Cuando llegó el momento de las fotos, ella no se apartó.
Ella le tomó la mano: grande, áspera y temblorosa.LA PRUEBA
Tras la boda, los llevaron a la mansión de Don Baste.
—Dormirás en el sofá —ordenó Baste dentro del dormitorio.
“Soy demasiado grande; no estarás cómodo en la cama. Y una cosa más…”
Límpiame los pies antes de dormir. Y dame de comer.
Don Baste la estaba poniendo a prueba.
Fingió ser perezoso.
Desordenado.
Brusco.
Cruel.
“¡Esta comida es horrible!”, gritó, tirando el plato.
“¡Eres demasiado lento! ¡Límpiame la espalda!”
Durante tres meses, Clara se convirtió en su cuidadora.
Y sin embargo, nunca se quejó.
—Lo siento, Don Baste. Mañana me esforzaré más —era siempre su amable respuesta.
Todas las noches, mientras Baste dormía —o fingía dormir—, Clara le hablaba en voz baja mientras le masajeaba los pies hinchados.
—Sé que eres amable —susurró ella.
“Tal vez te duela que te hayan herido con sus palabras. No te preocupes. Estoy aquí. Soy tu esposa. No te abandonaré.”
Baste escuchó cada palabra.
Y bajo su gruesa “piel”, su corazón se fue ablandando poco a poco.
EL GRAN BAILE BENÉFICO
Llegó la noche del Gran Baile Benéfico, la primera vez que Baste presentaría a Clara a la alta sociedad.
La vistió con un deslumbrante vestido rojo y joyas carísimas.
Él mismo vestía un esmoquin, que aún le quedaba ajustado a su enorme cuerpo.
Todas las miradas se posaron en ellos cuando entraron al salón de baile.
Se le acercó una mujer: Vanessa, la exnovia de Baste de antes de que engordara, según los rumores. En realidad, fue Vanessa quien hizo que Baste perdiera la confianza en las mujeres.
“¡Ay, Dios mío, Sebastián!”, exclamó Vanessa riendo.