—Me dijiste que nadie podía demostrarlo.
David giró hacia ella.
—¡Cállate!
Entonces Samuel dijo:
—Todavía falta alguien.
La puerta se abrió.
Entró una mujer de unos cuarenta años.
Jessica la reconoció antes que David pudiera reaccionar.
—Rebecca…
David perdió completamente el color.
Rebecca era contable de una de sus antiguas empresas.
Y también llevaba casi dos años manteniendo una relación con él.
Pero aquello no era lo peor.
Samuel mostró mensajes recuperados.
David le había prometido a Rebecca exactamente lo mismo que a Jessica.
Mi casa.
Mi dinero.
Una boda después de mi muerte.
Jessica miró a David horrorizada.
—¿Yo también era una mentira?
Rebecca soltó una risa amarga.
—Bienvenida al club.
David intentó marcharse.
Los detectives bloquearon la puerta.
Entonces Samuel reprodujo el último audio.
La voz de David llenó la habitación:
—Jessica cree que me quedaré con ella. Cuando reciba el dinero, desapareceré con Rebecca.
Jessica se abalanzó verbalmente sobre él, exigiendo explicaciones.
David perdió el control.
—¡Nada de esto habría ocurrido si ella hubiera muerto cuando debía!
Silencio.
Uno de los detectives levantó discretamente la grabadora que llevaba encima.
David comprendió su error.
—¿Dónde está el cuerpo? —preguntó de pronto.
Samuel lo miró.
—Esa es la parte que debería preocuparle.