Claire…
La voz detrás de la puerta hizo que se me helara el cuerpo.
La reconocí.
No pertenecía a ningún sirviente.
Era Daniel.
Mi exnovio.
El hombre del que llevaba semanas escondiéndome.
Lorenzo me miró inmediatamente.
—¿Lo conoces?
Apreté a Leo contra mí.
—Sí.
La expresión de Lorenzo cambió.
Por un instante volvió a mirarme como si yo formara parte de una trampa.
—Explícate.
—Es el padre de mi hija.
No pude decir mucho más.
—Y la razón por la que ella no está aquí.
Lorenzo guardó silencio.
Luego golpeó la puerta.
—¡Marco!
Nadie respondió.
Eso parecía imposible.
La mansión Rossi tenía guardias en cada acceso.
Si nadie contestaba, significaba que alguien había conseguido apartarlos.
Desde fuera llegó la voz de Daniel.
—Claire, entrégame al niño y esto termina.
Sentí que Lorenzo se tensaba.
—¿Qué quiere con mi hijo?
—No lo sé.
Entonces recordé algo.
Tres semanas atrás, poco antes de perder a Lily, había escuchado a Daniel discutir por teléfono.
Dinero.
Una deuda.
Y un nombre.
Rossi.