Cuando soltaron la cadena, Julián gritó. Lorena dio 1 paso hacia él.
—Diles que tu padre te está manipulando.
Julián la miró con lágrimas silenciosas.
—Tú me sujetaste la mano mientras tu padre rompía mi rodilla.
Ella dejó de fingir.
Pero, cuando los agentes subieron a detener a los invitados, algo cayó del abrigo de Teresa que llevaba Graciela: una memoria USB. Al verla, Víctor perdió el color.
Porque dentro no solo estaba la prueba del lavado.
También había una grabación que revelaba quién había ordenado matar primero a Efraín.
PARTE 3
Graciela intentó recoger la memoria, pero una agente se adelantó. Lorena cerró los ojos y Víctor comenzó a gritar que aquel dispositivo no le pertenecía.
En una computadora de la fiscalía apareció una carpeta titulada “Seguro”. Contenía duplicados de cuentas, pagos a guardias, sobornos y audios grabados por el propio Víctor para chantajear a sus socios. En el último archivo, su voz hablaba con Lorena y Graciela 3 semanas antes.
—El viejo debe morir primero. Sin Efraín, Julián firmará por miedo.
—¿Y si no firma? —preguntaba Graciela.
—Entonces mueren los 2 y la viuda hereda lo suficiente para pelear el resto.
Lorena respondía con una calma aterradora:
—Que el accidente de Efraín parezca culpa de su camioneta. Después hacemos lo de Julián en Año Nuevo.
La fiesta terminó con 15 invitados reunidos contra la pared, todavía sosteniendo copas. Graciela juró que no sabía nada, pero sus mensajes decían lo contrario. A las 21:14 había escrito: “Mantengan a todos arriba después de la 01:00. Que no haya sangre donde puedan verla”.
La ambulancia salió por la puerta lateral. Efraín acompañó a Julián al hospital mientras Emilio congelaba transferencias y protegía la nómina de los trabajadores.
A las 04:37, una cirujana se acercó.
—Su hijo va a vivir.
La rodilla estaba destruida y necesitaría más operaciones, pero los medicamentos para revertir la sobredosis habían llegado a tiempo. Efraín entró al baño y lloró como no lo hacía desde la muerte de Teresa.
Cuando Julián despertó, preguntó por las cuentas.
—Están seguras.
—Sabía que entenderías mi llamada.
—No entendí todo. Solo entendí que necesitabas que fuera sin dejarme ver.
Julián bajó la mirada.
—Pensé que te enojarías por haber permitido esto.
Efraín acercó la silla.
—Tú no lo permitiste. Ellos te lo hicieron.
Su hijo comenzó a llorar. Efraín lo abrazó con cuidado.
—Perdóname por enseñarte que pedir ayuda era debilidad.
—Viniste de todos modos.
—Voy a seguir viniendo.
2 días después, Julián explicó que Víctor tenía una camioneta negra esperando cerca de la casa. Debía seguir a Efraín y empujarlo contra el muro de una carretera. Los agentes encontraron el vehículo con placas alteradas, teléfonos desechables y fotografías de la vieja camioneta.