PARTE 2
Efraín estuvo a punto de lanzarse sobre ellos, pero Julián lo miró desde el suelo y negó apenas con la cabeza. Víctor dejó la carpeta sobre una mesa y Lorena guardó la jeringa.
—El notario llegará después del brindis —dijo Víctor—. Primero firmará Julián. Luego usaremos la autorización de su padre.
—¿Y si el viejo aparece? —preguntó Lorena.
—No llegará vivo hasta aquí.
Ambos subieron. La puerta se cerró y el ruido de la fiesta volvió a cubrir el sótano.
El teléfono de Efraín vibró. Emilio Rosas, abogado de Rutas del Bajío, le había enviado una fotografía programada por Julián antes de que le quitaran el celular. En ella aparecía Víctor junto a contenedores sin registrar en el patio de Lázaro Cárdenas. También había una hoja con embarques falsos por más de 42,000,000 de pesos y un mensaje:
“Están usando las rutas de papá”.
Segundos después, Emilio entró por el cuarto de máquinas acompañado de 1 investigador federal.
—El archivo de emergencia de Julián se activó hace 4 días —susurró—. Mandó estados de cuenta, empresas fantasma y números de contenedores a la fiscalía. Podíamos probar el lavado, pero no el secuestro ni el intento de homicidio.
Efraín levantó el teléfono.
—Ahora sí pueden.
El investigador observó la cadena, las heridas y las marcas de inyección. Avisó que una ambulancia esperaba a 2 calles.
—Sáquenlo ya —ordenó Efraín.
—No —dijo Julián—. Quieren reunir aquí a Lorena, Víctor, el notario y al jefe de seguridad. Si me mueven, huirán.
—No eres carnada.
—Ya me convirtieron en eso. Al menos que sirva para atraparlos.
Efraín sintió vergüenza. Durante años había enseñado a su hijo que soportar dolor en silencio era valentía. En ese sótano entendió que sobrevivir y pedir ayuda exigían mucho más valor.
2 paramédicos entraron, estabilizaron a Julián y aplicaron un medicamento para revertir los sedantes. Confirmaron rastros de opioides y tranquilizantes. Después se ocultaron tras los estantes. Emilio colocó un micrófono bajo la camisa de Efraín.
—5 minutos —dijo el padre—. Si vuelven a tocarlo, se termina.
A las 00:07, la puerta se abrió. Víctor bajó con Lorena, Ramiro, el jefe de seguridad y Arturo Cevallos, un notario conocido por certificar operaciones inmobiliarias.
Arturo extendió varios documentos.
—La fecha ya cambió.
—Certifica que firmó a las 23:58 —respondió Víctor—. Para eso te pagamos.
Sobre la mesa aparecieron poderes, cesiones de acciones, escrituras de bodegas y hojas en blanco.
—Dijeron que era 1 documento —murmuró Julián.
—También dijimos que vivirías —contestó Lorena—. Mentimos en ambas cosas.
Arturo retrocedió.
—Yo acepté falsificar firmas, no presenciar una muerte.
Víctor lo tomó del cuello.
—Has lavado dinero con nosotros durante 6 años. No descubras la conciencia esta noche.
Lorena sacó otra jeringa.
Efraín salió de la oscuridad.
—Déjala en el piso.
Todos quedaron inmóviles.
—¿Qué haces aquí, viejo? —preguntó Víctor.
—Vine por mi hijo.
Ramiro avanzó sonriendo, convencido de que solo enfrentaba a un jubilado. Antes de tocarlo, el investigador lo estrelló contra la pared. Emilio apareció con agentes armados y el jefe de seguridad levantó las manos.
Lorena dejó caer la jeringa.
—¡Julián está drogado! ¡Lo encerramos porque se volvió violento!
Efraín levantó el poder falsificado.
—¿Y por eso prepararon documentos a mi nombre?
Víctor intentó romperlos, pero fue reducido. Lorena miró a Emilio.
—Diles que Julián es dueño de la empresa.
—Efraín Salcedo controla el 72% de Rutas del Bajío mediante el Fideicomiso Salcedo —dijo Emilio—. Julián posee una participación protegida que no puede transferirse por poder.
Lorena observó la ropa gastada de Efraín como si nunca lo hubiera visto.
—¿Tú eres el dueño?
—Las empresas por las que torturaste a mi hijo nunca fueron suyas para entregártelas.
Arturo levantó las manos.
—Quiero protección. Tengo copias de todo.
Víctor lo insultó, pero el notario siguió hablando. Confesó que había guardado contratos, grabaciones y cuentas de las empresas fantasma.
Los agentes registraron a Lorena. En su bolso hallaron 2 jeringas, el teléfono de Julián y una nota doblada:
“00:15, firma. 00:40, dosis final. 01:10, mover el cuerpo. 01:30, llamar a emergencias. Llorar antes de que lleguen”.