5. Resultaron heridos y ahora son cautelosos. Muchos no comenzaron solos.
Intentaron confiar. Se abrió. Invirtieron en amistades que terminaron en traición, abandono o manipulación.
Y aprendí lecciones de ello.
Ahora son más cautelosos.
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Más reservado.
Más lentos para confiar.
Esta protección puede parecer fría desde fuera, pero en realidad es una herida que aún no ha cicatrizado por completo.
Y aparece una tensión interna:
La necesidad de conexión.
La necesidad de protección.
A veces, prevalece la protección.
Y la soledad se convierte en un refugio.
Pero para forjar amistades verdaderas, tarde o temprano tendremos que volver a abrirnos… esta vez con límites y sabiduría.
¿Y si te reconoces en esta situación?
Tienes varias opciones.
Puedes aceptar tal como eres y vivir en paz con un pequeño círculo de amigos.
O bien, podrías preguntarte si algunas de estas características se han convertido en un obstáculo que ya no te resulta útil.
Hazte las siguientes preguntas con sinceridad: