Vanessa intentó liberarse, pero cada movimiento que hacía solo conseguía dificultarle aún más la posibilidad de levantarse. En ese momento, varias funcionarias de la prisión ya corrían hacia ellas.
La supervisora del turno observó la escena, soltó un profundo suspiro y dijo tranquilamente a las guardias:
—Les advertí que no permitieran que nadie provocara a la nueva.
Las internas se miraron unas a otras, completamente desconcertadas.
Entonces se descubrió la verdad. Aquella misma mañana, la administración de la prisión había recibido el expediente completo de Kate. Antes de ser arrestada, había trabajado durante más de diez años como instructora de unidades de fuerzas especiales, donde enseñaba técnicas de control y reducción contra personas mucho más grandes y fuertes que ella.

Por eso, cuando Kate llegó al centro penitenciario, la directora había advertido personalmente al personal que no permitiera ninguna provocación contra la nueva interna.
Después de aquel incidente, Vanessa jamás volvió a intentar quitarle las pertenencias a otra reclusa.
Y entre las internas comenzó a repetirse rápidamente una nueva frase:
**«Nunca juzgues a una persona por su tamaño, especialmente cuando permanece en silencio.»**