PARTE 2
Ethan Caldwell no se presentó a las elecciones.
Hombres como Ethan nunca lo necesitaron.

Se movía por el silencioso pasillo trasero de su mansión con la calma y precisión de quien había pasado su vida entrando en habitaciones donde todos sabían que pertenecía. Las luces del pasillo brillaban tenuemente contra las paredes oscuras revestidas de madera, convirtiendo su reflejo en una sombra que lo seguía sobre el suelo de mármol.
Detrás de él, en la cocina, yo permanecía de pie con la espalda pegada a la puerta cerrada con llave, con una mano temblorosa cubriéndome la boca.
Se lo había dicho.
El nombre salió de mis labios como una confesión. Ryan. Una palabra, dos sílabas, y de repente el secreto que había guardado en soledad ya no era mío.
Eso debería haber traído alivio.