Y a medida que esta inquietud se disipó rápidamente una vez que me tomé el tiempo para comprender lo que estaba viendo, me di cuenta de que este patrón no se limitaba a los jardines.
A menudo, las situaciones inusuales de la vida provocan la misma reacción: ansiedad repentina, juicios precipitados, deseo de replegarse sobre uno mismo.
Esa mañana me recordó que no todos los misterios son una amenaza.
Algunas son simplemente invitaciones a bajar el ritmo, observar con más atención y aprender algo nuevo.
El jardín no había cambiado.
Yo, sí.