—¿Por qué no me dijiste nada? —preguntó Joaquín, con la voz rota.
—Siempre estaban escuchando. Cuando intentaba hablar, cortaban la llamada y luego te decían que se había ido el internet.
Joaquín la abrazó con cuidado, sintiendo los huesos de su espalda.
—Resiste 2 días más. Mañana te llevaré al hospital y después les quitaré hasta la última mentira.
Antes del amanecer oyó a Teresa y Karla celebrar los supuestos 9,000,000. Entonces sacó el teléfono, llamó a un contador de confianza en Canadá y abrió un documento falso titulado “Programa de Verificación Patrimonial Familiar”.
Pero Elena le reveló algo más antes de que saliera el sol.
—Hay una caja fuerte detrás de la foto de tu papá —dijo—. Karla una vez aseguró que, si alguien la abría, 3 personas terminarían en prisión.
Joaquín levantó la mirada.
La 3.ª persona no pertenecía a la familia.
¿Tú habrías seguido fingiendo para atraparlos? Comenta qué harías, comparte la historia y busca la parte 2.
PARTE 2
En el desayuno, Teresa sirvió huevos, fruta y café para todos. A Elena le dejó un pedazo de bolillo duro y té sin azúcar.
—No debe comer tanto —dijo—. Su estómago no lo soporta.
—¿Qué médico dijo eso? —preguntó Joaquín.
Teresa se quedó inmóvil, pero Karla intervino.
—Deja sus enfermedades imaginarias. Mejor explícanos lo de la indemnización.
Joaquín mostró el falso programa. Dijo que la empresa aumentaría el pago si acreditaba bienes comprados con sus remesas. Para incluirlos, debían declarar propiedades, vehículos, joyas y cuentas, y firmar un convenio de administración temporal.
La avaricia hizo el resto.
Antes del mediodía, Teresa y Karla colocaron sobre la mesa escrituras, facturas y estados bancarios. Joaquín descubrió una casa de renta que nunca le mencionaron, 2 camionetas, joyas por más de 900,000 pesos y una empresa llamada Desarrollos Integrales del Bajío.
Entre los recibos encontró pagos por remodelaciones de lujo, tratamientos estéticos, viajes y un terreno industrial que supuestamente pertenecía a la familia, aunque estaba registrado únicamente a nombre de Karla.
Fotografió todo y lo envió a Mateo Cárdenas, antiguo compañero suyo y contador forense.
Después llevó a Elena al Hospital General de León. Una enfermera pidió una silla de ruedas apenas la vio. Los estudios confirmaron un cáncer agresivo y una desnutrición severa.
—Hay opciones de tratamiento —explicó la oncóloga—, pero debemos comenzar de inmediato.
Elena apretó la mano de Joaquín.
—No tengo seguro.
—Sí tienes —respondió él—. Mi trabajo lo pagó durante 4 años.
Elena palideció.