Ren no se quejó.
Ese silencio dolió más que la ira.
Siete meses cuidando a personas dependientes agotaron los ahorros de Lenora, agotaron el límite de sus tarjetas de crédito, le hicieron perder el trabajo que ya no podía mantener y la dejaron con una deuda de alquiler demasiado grande como para recuperarse.
Su hermano Garrett le envió dinero dos veces.
Cada transferencia venía acompañada de un mensaje preguntándole si ya había ideado un plan mejor.
La cantidad era suficiente para comprar alimentos o retrasar el pago de una factura, pero nunca fue suficiente para cambiar la dirección en la que Lenora y Ren estaban cayendo.
Garrett aún podía decirse a sí mismo que había ayudado.
Lenora no podía permitirse ese tipo de historia.
Cuando el propietario le entregó un aviso dándole siete días para desocupar el local, ella se quedó en la cocina y lo leyó dos veces mientras Ren comía tostadas en la encimera.