PARTE 3
Los golpes en la puerta del dormitorio se repitieron, esta vez con más fuerza, sacudiendo el polvo del viejo marco de madera.
—¡Señora Eleanor! —gritó el hombre de afuera—. ¡Ya están aquí! ¡Por fin lo han encontrado!

La carta casi se me resbala de las manos.
El rostro de Eleanor cambió en un instante. La viuda temblorosa, la mujer con lágrimas corriendo por sus mejillas, se desvaneció tras algo más frío, más afilado, casi regio. Tomó su chal de la cama y se cubrió el hombro, ocultando la marca que había destrozado mi mundo.
—¿Quién me encontró? —susurré.
Me miró con un dolor tan profundo que me asustó.
“La gente de la que tu madre murió huyendo.”
Retrocedí tambaleándome como si me hubiera golpeado.
—Mi madre murió de fiebre —dije.
Eleanor negó con la cabeza.
“No, Travis. Tu madre fue asesinada.”
La puerta se abrió de golpe antes de que pudiera respirar.
Un hombre alto, vestido con un traje negro, entró apresuradamente, con una mano cerca del arma que ocultaba bajo su chaqueta. Llevaba el pelo gris corto y la mandíbula apretada como una piedra.
“Señora, tenemos seis vehículos en la puerta sur. Armados. Están preguntando por el chico.”
—¿El chico? —espeté—. Tengo veintiocho años.
El hombre me miró. No había burla en sus ojos. Solo urgencia.
“Para ellos, señor, usted sigue siendo el niño al que no lograron enterrar.”
Eleanor agarró el sobre, las llaves y la vieja carta, y me los metió a la fuerza en las manos.
—Escúchame con atención —dijo—. Tu nombre no es solo Travis Cole. Ese es el nombre que te dieron para que pudieras sobrevivir.
Apenas podía oírla por encima del trueno que retumbaba en mi pecho.
“¿De qué estás hablando?”
Se oyó un disparo en algún lugar del exterior.
Los músicos se detuvieron.
Luego vinieron los gritos.
Eleanor se estremeció, pero no huyó.
—Tu madre se llamaba Isabel Serrano —dijo rápidamente—. No era una mujer pobre abandonada por un marido muerto. Era la única hija de una familia poderosa, una que poseía tierras, rutas marítimas, bancos y secretos. Se enamoró de tu verdadero padre, un hombre llamado Daniel Reyes, y se casó con él en secreto.
—Mi padre era Henry Cole —dije, con la voz quebrándose.
La mirada de Eleanor se suavizó.