A las cinco de la mañana, cuando la ciudad aún respiraba en silencio, la violencia irrumpió en mi vida con una brutalidad que no dejó lugar a dudas ni a esperanzas.
La puerta del dormitorio se estrelló contra la pared con un crujido seco, como anunciando el comienzo de algo que se había estado gestando en la oscuridad durante demasiado tiempo.