La reclusa más peligrosa y corpulenta de la prisión se fijó en que la nueva había recibido un par de zapatillas completamente nuevas al llegar. Decidió quitárselas delante de todas, en pleno patio, y comenzó a humillarla sin imaginar por un instante cómo terminaría aquella escena.

En aquella prisión de mujeres existían reglas que nadie explicaba oficialmente a las recién llegadas. Cada una tenía que descubrirlas por su cuenta, y a veces aprender una sola de esas reglas podía tener un precio demasiado alto.