El mensaje de mi abogado llegó a las 12:14 de la madrugada.
“Ryan lleva meses moviendo dinero desde tus cuentas empresariales.”
Me incorporé en la cama del hospital.
El monitor junto a mí seguía marcando un ritmo tranquilo. Los médicos habían confirmado que mi bebé estaba estable y que debía permanecer en observación.
Volví a leer el mensaje.
“¿Cuánto?”
La respuesta tardó menos de un minuto.
“Hasta ahora encontramos 1.8 millones de dólares.”
Sentí frío.
Ryan llevaba tres años diciéndome que su empresa de consultoría finalmente estaba creciendo.
Viajes.
Restaurantes.
El automóvil de Grant.
Las compras de Diane.
Incluso el departamento que Brooke presumía en redes.
Yo había pensado que gran parte salía del negocio de Ryan.
Me equivocaba.
Mi abogado continuó:
“Hay transferencias hacia una sociedad llamada RGD Holdings.”
Las iniciales me resultaron familiares.
Ryan.
Grant.
Diane.
Los tres.
Cerré los ojos.
Entonces comprendí por qué Ryan había entrado en pánico cuando mencioné a la policía.
No temía únicamente las grabaciones de aquella noche.
Temía que alguien empezara a revisar todo lo demás.
A las ocho de la mañana llegó el detective.
Después llegó mi abogado, Marcus Hale, cargando una carpeta gruesa.
—Antes de hablar de dinero —dijo—, necesito que entiendas algo. No regreses al ático mientras ellos sigan allí.
—La propiedad es mía.
—Precisamente.
Dejó una solicitud sobre la mesa.
—Ya estamos gestionando las medidas necesarias para protegerte a ti y al bebé mientras se revisa lo ocurrido.
Luego abrió la carpeta financiera.
Había extractos.
Autorizaciones.
Transferencias.
Y varias firmas que parecían mías.
—Yo no firmé esto.
Marcus asintió.
—Lo imaginaba.
Una de las transferencias era de cuatrocientos mil dólares.
Concepto:
INVERSIÓN CONJUNTA.