Parte 1 – La tarjeta de acceso que dejó de funcionar
A las cinco y veinte de una fría tarde de martes, Evelyn Carter firmó la última página de su acuerdo de divorcio mientras su marido seguía respondiendo mensajes debajo de la mesa de conferencias.

La reunión tuvo lugar en un despacho privado con vistas al centro de Boston, donde la luz invernal se reflejaba en los rascacielos y convertía el río Charles en una franja de plata opaca. La abogada de Evelyn, Rachel Donovan, se sentó a su lado con una libreta cerrada y la paciencia contenida de quien ya había advertido a su clienta que las próximas horas podrían ser más difíciles que la propia firma.
Al otro lado de la mesa, Miles Carter vestía un traje azul marino oscuro y lucía la expresión que normalmente reservaba para las adquisiciones que consideraba cerradas antes de que comenzaran las negociaciones. Su abogado revisaba el último documento adjunto, mientras Miles escribía otro mensaje con ambos pulgares.
Evelyn reconoció el nombre que apareció brevemente en su pantalla.
Serena Blake.
Tenía treinta y dos años, acababa de ser ascendida y trabajaba como directora de relaciones con los inversores en Carter Meridian Partners, la firma de capital privado que Miles había heredado de su padre y que había expandido mediante una combinación de agresivas compras de deuda, contactos políticos y oportunidades que Evelyn había identificado discretamente durante su matrimonio.
Miles finalmente levantó la vista.
“Una vez que firme, el asunto se simplificará mucho para todos.”
Evelyn sostuvo el bolígrafo sin moverse.
“¿Más fácil para quién?”
Su boca se curvó ligeramente.