Pensé que mi vecino estaba intentando estafarme, hasta que le abrí la puerta.
Detrás de la puerta, la verdad

Al abrirse la puerta, la sorpresa fue inmediata. No había sofá. Ni mesa. Ni sillas. Solo un suelo desnudo, unas cuantas mantas y algunas bolsas de plástico. Una segunda niña, Camille , estaba sentada en el suelo, dibujando en un viejo folleto publicitario.
Julien se puso de pie, presa del pánico. No intentó negarlo. Lo soltó todo de golpe. Una huida precipitada para proteger a sus hijas. Sin muebles. Sin red de seguridad. Un trabajo encontrado, pero un comienzo difícil. Demasiado orgullo, demasiada vergüenza como para pedir ayuda de otra manera.
No estaba intentando aprovecharse de mí. Simplemente estaba intentando aferrarse a mí.