Desde hacía mucho tiempo.
No fue casualidad, ni suerte. Fue solo paciencia. Y un plan ejecutado a la perfección.
En cuestión de horas, su humor cambió por completo. Las vacaciones habían perdido su encanto. El sol le parecía demasiado intenso, la música demasiado alta y la sonrisa de Luminița, de repente, incómoda.
«No me metí en tus problemas», le dijo fríamente cuando se enteró.
Y ese mismo día, hizo las maletas.
Valeriu se quedó solo.
En un hotel de lujo, pero sin dinero, sin un plan, sin control.
Cuando regresó a Rumania, todo había terminado.
La casa ya no era suya.
El coche, no tanto.
Las facturas, vacías.
Chira no armó un escándalo. No alzó la voz. Simplemente le entregó los documentos.
«Elige tú», dijo con sencillez. «Acabo de terminar».
Valeriu permaneció en silencio. No tenía nada más que decir.
Por primera vez, comprendió lo cara que podía ser una mentira.
Y Chira, esa misma noche, se sentó tranquilamente a la mesa con su hija, comiendo sopa caliente.
La vida siguió su curso.
Pero esta vez, sin mentiras.