Dieron por sentado que mi silencio significaba que estaban a salvo.
Cerré la puerta de la habitación del bebé con llave y abrí la aplicación de seguridad en mi teléfono.
Claire tenía un código de acceso de emergencia. Se lo había dado porque confiaba lo suficiente en ella como para que entrara en mi casa siempre que necesitara ayuda.
Apareció el historial de acceso.
Su código había abierto la puerta de mi casa seis veces en los últimos tres meses.
Cada visita coincidía con una cita prenatal a la que Damon había insistido en que asistiera sola.
La primera anotación se produjo tres días después de que Claire llorara en mis brazos y aceptara convertirse en la madrina de mi hija.
Parte 2:
El historial de acceso no era la única evidencia que me esperaba.
Una notificación bancaria indicaba que se habían transferido 18.500 dólares de la cuenta que Damon y yo habíamos creado para los gastos hospitalarios y mi baja por maternidad.
El beneficiario fue Riverton Heights Residential.
Un complejo de apartamentos.
Guardé el extracto bancario, me envié por correo electrónico la fotografía y el registro de seguridad, y contacté con un abogado de la familia antes de que Damon volviera con el agua.
No lo confronté.
Claire me envió un mensaje de texto más tarde esa misma noche.
¿Qué tal la ecografía? Tengo muchísimas ganas de conocer a mi ahijada.
Respondí:
Ella está sana. La fiesta de bienvenida del bebé debería celebrarse exactamente como estaba previsto.
Cuatro días después, Claire estaba de pie bajo unos globos rosas en mi sala de estar, sosteniendo una copa junto a su prometido.
Damon puso una mano sobre mi hombro.
“Felicity no es solo mi mejor amiga”, les dijo Claire a nuestras familias. “Es la hermana que elegí”.
Saqué una fotografía del sobre que tenía escondido debajo de la silla y la coloqué junto a la ecografía de mi hija.
En la foto, la camisola de encaje color champán descansa debajo del banco de mi habitación, junto a la camisa de Damon y nuestra cama sin hacer.
La sonrisa de Claire desapareció.
Damon dijo: “Eso podría pertenecer a cualquiera”.
Owen se acercó.
Su mirada se fijó en el pequeño dije azul sujeto a una de las correas.
Luego miró el anillo de compromiso de Claire.
—No —dijo en voz baja—. Eso no le pertenece a nadie.
Su expresión cambió.
“Lo compré para Claire.”
Las palabras parecían absorber todo sonido de la habitación.
“Lo compré para Claire.”