—Ella es mi mamá —dije, casi sin voz.
Esperanza observó la foto.
Luego su propia imagen en el espejo.
—Mi mamá tenía una marca idéntica en el hombro.
Mis rodillas dejaron de sostenerme.
—Su nombre no es Esperanza.
La mujer me miró confundida.
Yo pronuncié un nombre que durante 20 años había creído enterrado junto con mi infancia.
—Mamá… te llamas María Elena.
Ella no corrió a abrazarme.
No gritó mi nombre.
Solo sostuvo el relicario con las manos temblorosas.
—Perdóneme —susurró—. Pero no recuerdo a esa niña.
Y todavía faltaba descubrir por qué mi madre había desaparecido durante 20 años… y qué secreto sobre la muerte de mi padre había quedado enterrado con su memoria.
Parte 2: Durante 20 años me dijeron que mi madre había muerto en el incendio que destruyó nuestra casa en Saltillo.
Los bomberos nunca encontraron su cuerpo, pero tampoco existía una explicación para su desaparición. Yo tenía 10 años y terminé viviendo con mi tía Patricia.
Ahora mi madre estaba sentada frente a mí.
Viva.
Pero para ella yo era una desconocida.
Cuando bajamos, enfrenté a Lucas.
—Tú sabías.
—No —respondió—. Sospechaba.
Me contó que en el comedor había visto una cicatriz en la muñeca izquierda de Esperanza. Años antes yo le había contado que mi madre se había quemado esa mano cocinando. La edad también coincidía.
—No quise decirte nada sin estar seguro.
Lo abracé y lloré contra su pecho.
Al día siguiente llevamos a María Elena con un neurólogo privado. Tras varios estudios, el médico habló de una amnesia severa asociada a un trauma físico y emocional.
—No intenten obligarla a recordar. Los recuerdos pueden aparecer por sonidos, olores, lugares o situaciones inesperadas.
Durante semanas hice todo lo posible.
Preparé las gorditas de harina que mi madre cocinaba los domingos.
Busqué viejos discos de boleros.
Le mostré fotografías.
La llevé al parque donde comprábamos paletas después de la escuela.
Nada.
Hasta que una tarde encontró una fotografía de mi padre.
—¿Quién es él?
Sentí un nudo en el estómago.
—Mi papá. Tu esposo.
—¿Dónde está?
Guardé la foto.
—Murió.