Parte 3:
Debajo de los papeles había un grueso fajo de cartas, atado cuidadosamente con un trozo de cordel.
Había cincuenta y cinco cartas.
Uno por casi cada año que Thomas y yo habíamos estado separados.
Una nota escrita a mano descansaba encima.
Me llevé una mano a la boca mientras las lágrimas corrían por mi rostro.
—No entiendo —susurré.
—Lee la nota —dijo Walter—. Thomas quería que supieras la verdad contada con sus propias palabras.
Thomas explicó que mi tía Margaret había sido clienta de la ferretería de su familia durante cuarenta años.
Con el tiempo, ella también se había convertido en su amiga.
Años antes, Thomas había descubierto por casualidad que Raymond estaba sacando dinero de las cuentas de Margaret en secreto.
Él había intentado advertirle.
Pero Margaret confiaba en su sobrino y se negaba a creer la acusación.
Cuando ella finalmente murió prácticamente sin nada, Raymond se había marchado con mucho más dinero del que nadie esperaba.
Thomas nunca olvidó lo que había sucedido.
Años después, se enteró de que yo había regresado a la ciudad.
También descubrió que Raymond había empezado a llamarme con regularidad y a hacerme preguntas sobre mis finanzas.